
Parque Nacional de Gyeongju
En busca de montañas para hacer rutas de senderismo, decidimos que Gyeongju era el lugar perfecto, ya que se encontraba estratégicamente en nuestros planes, que serían Seúl–Gyeongju–Busan–La Isla de Jeju –Seúl.
Gyeongju es una pintoresca ciudad que se encuentra a solo 335 km de Seúl y dos horas en tren de alta velocidad.
Llegada a Gyeongju

Gyeongju Bongwhang Mansion
Al llegar a la ciudad de Gyeongju, tomamos un taxi que nos llevó a nuestro alojamiento, Gyeongju Bongwhang Mansion, un hostal frente al complejo de tumbas Daereungwon y perfecto para explorar también el centro de la ciudad y sus alrededores.
El hostal era moderno y predominaban las paredes de color blanco, lo que, en combinación con la luz, hacía que se viera lo limpio que estaba todo. Desde el inicio nos sentimos bienvenidos; a diferencia de otras experiencias en hostales, este tenía baño privado y una cocina abierta que daba al comedor (con vista a las tumbas), donde pudimos disfrutar de un suculento desayuno, y en el que la estrella eran los huevos fritos preparados al momento por un simpático chef.
Los Misteriosos Montículos del Complejo de Tumbas Daereungwon

La primera tarde, tras nuestra llegada, decidimos explorar el complejo de tumbas. ¡Qué sorpresa ver que, a finales de marzo, los cerezos en flor ya decoraban los alrededores del parque! Un sol placentero nos acompañaba, mientras tratábamos de entender qué eran esos grandes montículos que me hacían recordar al Principito, parado sobre un planeta pequeño y redondo.
Aprendí que debajo de ellos se encuentran las cámaras funerarias, diseñadas para albergar los restos de la élite de Silla (57 a.C. – 935 d.C.). En ellas se colocaban ataúdes—usualmente de madera—acompañados de una gran variedad de tesoros funerarios, como cerámicas, ornamentos, herramientas y objetos ceremoniales, que tenían la finalidad de honrar al difunto y acompañarlo en su viaje al más allá.

El parque es grande e incluye un centro para visitantes, donde uno puede aprender más sobre el reino de Silla. Si estás por allí, no dejes de visitar la tumba real del rey Michu, tras pasar por la tradicional entrada con grandes portones coloridos de madera dimos un paseo por los jardines con preciosos árboles de cerezos en flor que tapizaban el suelo de color rosa.
El Ambiente Nocturno

Durante las noches, el centro de la ciudad, con su arquitectura tradicional, se iluminaba y se transformaba en un pueblo encantado. Gyeongju es una ciudad con una rica historia, ya que fue capital del antiguo reino de Silla por más de mil años. Mientras caminábamos por la calle principal, nos desviábamos para perdernos en callecitas empedradas en busca de algún restaurante tradicional.
Senderismo en el Parque Nacional de Gyeongju

Al día siguiente, emprendimos nuestra expedición hacia las montañas del parque nacional de Gyeongju. Desde nuestro hostal, era muy fácil llegar a una de las entradas del parque en autobús. Después de una corta explicación y un mapa que recibimos de los amables voluntarios de la caseta de información, comenzamos nuestra caminata por los empinados y largos senderos del parque.
La primera parada fue para tomar aliento cerca del “El Buda sentado tallado en la roca en el valle de Samneung” y disfrutar de una taza de café caliente que los caminantes podían tomar de cortesía.
Antes de llegar allí, nos cruzamos con ancianos que caminaban a paso acelerado. Se notaba que estaban muy acostumbrados a hacer caminatas, pues habían llegado antes que nosotros y ya estaban disfrutando de su cafecito.
Es maravilloso ver cómo el senderismo en la naturaleza es parte de la vida de los habitantes de Gyeongju y de Corea del Sur; basta ver la cantidad de tiendas que hay en la ciudad dedicadas a vender ropa para hacer senderismo y actividades en las montañas.

Tras atravesar caminos bordeados de una infinidad de especies de pinos, llegamos a la siguiente parada: ‘La pagoda de piedra de tres pisos del valle de Yongjangsagok‘, un testimonio del reino Silla. Allí, tomamos un pequeño descanso y disfrutamos de las impresionantes vistas de la ciudad de Gyeongju.

La caminata duró alrededor de cuatro horas; una de las cosas más bonitas que vimos fueron los cerezos en flor, que, a diferencia de algunos parques en los que están perfectamente posicionados y plantados, crecían por todos lados. Finalmente, llegamos a un río que marcó el final de nuestra caminata.
Reflexiones finales

Después de regresar a la ciudad y almorzar para recobrar nuestra energía, disfrutamos de un rico café en una de las terrazas del centro.
El sol aún resplandecía, aunque de manera tenue, al final de la tarde. La terraza del café Dongju ofrecía una vista impresionante de los antiguos techos de las casas, lo que la convertía en el lugar ideal para reflexionar sobre nuestro viaje y disfrutar de los últimos momentos antes de regresar a nuestro hostal y luego continuar nuestro viaje a Busan.
La amabilidad de la gente coreana y la atención en nuestro hostal, hicieron que nuestra estadía fuera especial, haciéndonos sentir bienvenidos y a gusto.
